En lugar de darle explicaciones, el maestro le invitó a sentarse y le sirvió una taza de té. Cuando la taza rebosó, el sabio, aparentemente distraído, siguió vertiendo la infusión de manera que el líquido se derramaba por la mesa.El profesor no pudo evitar llamarle la atención: “la taza está llena, ya no cabe más té”, le advirtió. El maestro dejó la tetera a un lado para afirmar: “Usted es como esta taza, llegó colmado de opiniones y prejuicios. A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”.Este cuento nos enseña que con una mente llena de prejuicios es imposible aprender y tomar en consideración nuevas creencias. Es necesario “vaciarnos” de viejos preceptos y estar abiertos a nuevas enseñanzas.
En lugar de darle explicaciones, el maestro le invitó a sentarse y le sirvió una taza de té. Cuando la taza rebosó, el sabio, aparentemente distraído, siguió vertiendo la infusión de manera que el líquido se derramaba por la mesa.El profesor no pudo evitar llamarle la atención: “la taza está llena, ya no cabe más té”, le advirtió. El maestro dejó la tetera a un lado para afirmar: “Usted es como esta taza, llegó colmado de opiniones y prejuicios. A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”.Este cuento nos enseña que con una mente llena de prejuicios es imposible aprender y tomar en consideración nuevas creencias. Es necesario “vaciarnos” de viejos preceptos y estar abiertos a nuevas enseñanzas.